Finde de elecciones…

Nos fuimos a casa un viernes contentos de que se acabara la semana y cuando volvimos al trabajo el lunes ya habían pasado tantas cosas…

ZP vuelve a ser presidente, Rodolfo Chikilicuatre nos representará en Eurovisión este año y el nuevo sabor de natillas ganador es el de leche merengada (ay! qué vaca tan salada!).

En fin, si alguien pensó que éste fue un fin de semana normal y corriente, estaba equivocado.

Yo por mi parte me trasladé a los años 60 en una fiestecilla por el cumple de Ana. Fotos en mi facebook.

Baci per tutti!

De viajes, cerdos y otros sucesos…

De un tiempo a esta parte me cuesta tanto, tanto… escribir. En las últimas semanas ha habido un poquito de todo. Me fui en muy buena compañía a tierras danesas a visitar a Silvia y a Nadia y a desmentir el falso rumor de que la Sirenita de Copenhague es pequeña y fea. Lo que sí que no puedo negar es que el viaje me hizo echar un poquito de menos aquellos momentos de mi vida en la burbujita Erasmus. Pero a la vuelta tuve un pequeño reencuentro en Madrid con una persona muy especial que habitaba en esa burbujita también: ¡Francesca! Mi Fra, stellina, la italiana más pazza que he conocido jamás…

Hablando de viajes y reencuentros, también pasé el puente de la Inmaculada en Cortegana entre faldones de mesas camillas y copas baratas. Vuelta al pueblo, a las casas frías, a los ‘¿Cuándo has venío? y ¿cuándo te vas?’, a los abuelos, a las calles empedradas, a los serranitos y a los amigos de siempre. Sólo me faltó María que andaba perdida por Ámsterdam…

Por Madrid tampoco estuvo mal en cuanto a eventos sociales se refiere. Visita de mi petite que ya está preparando las maletas para irse una larga temporadita a Guatemala. Fiesta de inauguración de la casa de Isak, que ya se puede decir que somos casi vecinos. Triple fiesta cumpleañera y además de disfraces (¡como a mí me gusta!). En el fresquito de Cercedilla nos reunimos una panda de dibujos animados de lo más variopinta, desde Blancanieves hasta Heidi y Pedro pasando por los personajes de Futurama y Kenshin el guerrero samurai. La noche se pasó entre partidas al Singstar y al Buzz y una ruleta un tanto particular. Y entre tanto jueguecito me cayeron un montón de regalos por mi cumple, sin habérmelo esperado en absoluto, ¡qué ilusión! La reunión que me perdí fue la de casa de Elsa pero el deber me llamaba y me pasé parte del domingo pensando en un cerdo que utilizaban para hacer una especie de diálisis de la sangre en los humanos.
Sí, lo sé, cosas raras, cosas mías…
Todo esto bien acompañadito por una buena dosis de pastillas debido a una sinusitis un tanto molesta. Así que lo siento pero este año no me presento a la San Silvestre que tengo entendido que en el control de dopping doy positivo… Pero vamos, que si no, me presentaba seguro.

Los días fueron pasando en la capital con la extraña monotonía de mi oficina particular, en la que el trabajo se acumula y condensa en noches de dormir poco y de pronto llegan las vacaciones obligadas. Fueron pasando los días en el calendario y yo, ya con mis 23 a las espaldas, me planté prácticamente en periodo navideño sin apenas darme cuenta. Las luces ya brillan en las calles y los anuncios de juguetes, perfumes y niños repelentes cantando para venderte un racimo de uvas o un cordero lechal invaden la televisión. Mientras tanto desde mi ventana veo cómo sigue brillando el sol y la calefacción central me hace muy difícil creerme que la semana que viene estaré celebrando la Nochebuena. Pero habrá que creérselo, ¿no? Porque si El Corte Inglés lo dice, será verdad…