Barcelona a tu aire – Go Car

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Este fin de semana estuve visitando la ciudad condal, de la cual conservaba pequeños y difusos recuerdos tras mi fugaz visita de la última (y primera) vez Aunque estuvimos cuatro días os contaré nuestra experiencia del último de ellos en el que decidimos hacer uso de GoCar. Seguramente no sabréis de qué se trata; de hecho, nosotros tampoco lo sabíamos hasta que descubrimos a un cochecito de color amarillo paseándose por Montjuic. Son una especie de ciclomotores que han sido transformados en cochecitos pequeños con capacidad para dos personas y que te permiten recorrer Barcelona sobre ruedas y sin cansarte. Además cuenta con un GPS que aparte de ir dándote las indicaciones pertinentes para seguir la ruta va haciéndote de guía y explicándote los monumentos, lugares de interés y otras curiosidades de la ciudad.

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Nosotros lo cogimos el domingo por la mañana desde las 11h30 hasta la 13h30, aprovechando una oferta para bloggers con la que teníamos 2 horas gratuitas y sólo teníamos que pagar el seguro (9,90 €). No está nada mal, ¿verdad?

Tienes la opción de seguir las rutas marcadas y así disfrutar de la agradable voz del GPS (jeje) que he de decir que el nuestro al principio estaba un poco enloquecido y lo primero que escuchamos fue “¡Vaya! Te acabas de pasar la calle por la que había que girar”. Pero bueno, después de esa rebeldía se portó bastante bien.

Aprovechamos para subir a la zona alta de BCN, ver el monasterio de Pedralbes, el Camp Nou, un paseíto por la Diagonal y luego bajamos a la Barceloneta y el Port Olimpíc para ver el mar. La verdad es que las empinadas cuestas de la Av. Tibidabo y alrededores le costaron un poco pero como César es un magnífico conductor no tuvimos problemas. Si a eso le sumamos que era domingo y que había muy poco tráfico, mejor que mejor.

He de decir que en resumen la experiencia fue muy agradable y pese a ir dando el cante por la ciudad y atraer las miradas de todo el mundo mereció la pena visitar así BCN, motorizado, sin cansarte, haciendo paraditas a tu antojo, pudiendo hacer fotos y con un guía particular.

Os dejo la página del sitio por si vais a Barcelona y os animáis a probarlo: www.gocartours.com. En la oficina son encantadores y te explican cómo funciona todo.

“I want to wake up in a city that never sleeps”

Y eso dijo Frank Sinatra en su canción New York, New York [quiero despertarme en una ciudad que nunca duerma] y eso mismo hice yo. 😀

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Salimos el día 2 y regresamos el día 9 de septiembre de nuestro increíble viaje (aunque con el desfase horario llegamos a Madrid ya el día 10 justo a tiempo para ver los restos de la gran granizada del día anterior!). El viaje comenzó tempranito desde el aeropuerto de Barajas con unas maletas ligeras y un poquito de sueño. Todavía nos quedaba por delante un trayecto Madrid-Ámsterdam, una pequeña espera y luego otro trayecto Ámsterdam-Nueva York, pero KLM nos dio un buen viaje. Pese a estar separados nuestros asientos, finalmente conseguimos ir juntos (menos mal! que si no vaya rollazo estar 7 horas marginado en tu asiento del avión). En el avión yo ya estaba flipando con lo grande que era, con la de comida que nos daban (sin exagerar, te alimentaban cada hora y media a lo sumo), con la mini pantalla que teníamos cada uno con un montón de pelis, documentales, juegos, música… 🙂 ¡Genial! Además como era mi primer viaje al otro lado del charco, encantada…

Pero bueno, vayamos a lo importante… Cuando llegamos a la City todavía estábamos un poco desubicados pero nuestra primera visión nada más salir del subway fue…

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el Empire State.

Times Square ¡Qué increíble! Era como en las pelis, todos los edificios altísimos y muchísimo movimiento por las calles. Ese día dimos un paseo por Midtown que es donde estaba nuestro hotel (Pennsylvania) y fuimos hasta Times Square, con sus millones de carteles y luces de colores, sus teatros de Broadway, los miles de carritos de hot dog y pretzels (mmmhhhh…), los millones de turistas (de los cuales la mitad éramos españoles), los taxis locos…

Y después de catar un hot dog neoyorkino,a dormir prontito que ya empezaba nuestra semana maratoniana de levantarnos temprano y caminar mucho, mucho, mucho. Al día siguiente nos tocaba Lower Manhattan, la zona inferior de la isla donde está el distrito financiero y desde donde parten los ferrys con destino a la Estatua de la Libertad. Nosotros fuimos en metro hasta el City Hall (donde disfrutamos nuestro desayuno de 1$: dos huevos, patatas, dos tostadas con mantequilla y muchas salsitas!), vimos la Zona Cero (que aún sigue siendo un enorme agujero con montones de grúas y obreros trabajando) y luego fuimos caminando por el Battery Park viendo el río Hudson y al otro lado, Nueva Jersey. Vimos The Sphere (una escultura que había en el World Trade Center y que, aunque un poco afectada, sobrevivió al 11-S), Castle Clinton y varios monumentos antes de subir al Ferry de Staten Island. Este ferry es gratuito y en su paso hasta Staten Island te ofrece unas bonitas vistas de la Estatua de la Libertad, a la cual no fuimos porque al parecer ahora ya no se puede visitar, ni subir arriba ni nada, así que para eso mejor verla desde el barco en todo su esplendor.

A la vuelta de nuestro paseo en ferry nos sumergimos en el auténtico distrito financiero, Wall Street, con las calles abarrotadas de gente y miles de turistas haciéndose fotos con el charging bull, el edificio de la Bolsa o la estatua de George Washington (y cómo no, nosotros nos sumamos a este rebaño fotografiador). Volvimos a ver el ayuntamiento y los tribunales (míticas escaleras que al parecer salen en un montón de pelis) y luego cruzamos el puente de Brooklyn. El puente está dividido por una línea blanca para delimitar la zona de peatones y la zona de ciclistas, y ojito con no respetarla… Cuando llegamos al otro lado después de varias paraditas para ir fotografiando las vistas de Manhattan recorrimos el distrito llamado DUMBO que al parecer se ha convertido en un barrio bohemio y bastante pijín. Allí comimos en uno de los parques que quedan entre el puente de Brooklyn y el puente de Manhattan una súper hamburguesa gigante (mmmmhhhh…). Para bajar esta comilona volvimos otra vez a cruzar andando el puente de Brooklyn mientras atardecía y acabamos el día en el Pier 17, un muelle donde hay un centro comercial y muchas terracitas y restaurantes.
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Los días siguientes ya se me mezclan y no sé cuándo hicimos qué la verdad. Estuvimos en Chinatown donde había un sinfín de tiendas que vendían absolutamente de todo y chinos que se te acercaban y te decían “andala, andala” y “jánba”, después de varios intentos comprendimos que “andala, andala” significaba “one dollar, one dollar” y “janba”, “handbag” pero aun así no compramos nada por allí. Eso sí, visitamos un templo budista muy bonito que tiene cientos de mini budas de oro, la plaza de Confucio y un parque donde los chinos jugaban a un juego de mesa cuyo nombre no recuerdo ahora. En Little Italy aprovechamos para hacer un descansito y meternos en un restaurante con aire acondicionado para comer una pizza (che buona!). El chef italiano, los cocineros latinos y las camareras europeas del este, ¡esto sí que es una ciudad cosmopolita!

El Soho nos gustó mucho sobre todo con sus edificios de hierro, ya sabéis, las típicas escaleras exteriores de las casas que salen en todas las producciones de Hollywood, por donde entran los ladrones, por donde te escapas cuando viene un monstruo o por donde el poli macizo persigue al psicópata asesino de turno. Enlazando con el Greenwich Village aprovechamos para visitar la casa de Ghost (oh… my loooove…) y la de Friends (I’ll be there for youuuuu…).

Chelsea con sus galerías de arte, sus tiendecillas fashion y su preciosísimo mercado (Chelsea Market) que no os podéis perder porque ciertamente es un lugar con muchísimo encanto. Pequeñas tiendas y cafés dentro de un edificio (que si no recuerdo mal era una fábrica antigua, ¿dónde se fabricaron las primeras Oreo? Puede ser…) pero que nada tiene que ver con los mercados de fruta y pescado maloliente que nosotros conocemos…

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Central Park merece un día entero por lo menos porque es gigante y sencillamente genial. Lo mejor sin duda son las explanadas de césped perfecto, aunque en una estuve a punto de morir de un pelotazo de baseball si no fuera porque el chico que llevaba el guante la detuvo a cinco centímetros de mi cara (thanks God!). También vimos un mapache en mitad del parque que se acercaba un poquito a las personas en busca de comida, espectáculos callejeros (o parqueros) como en nuestro Retiro, la estatua de Alicia en el País de las Maravillas, la de Christian Andersen y cómo no, la entrada al parque mítica de la película Jungla de Cristal que César no paró hasta dar con ella.

La milla de los museos que queda al este del central Park también nos la recorrimos aunque sólo apreciamos sus fachadas (Metropolitan, Guggenheim, National Academy Museum and School of Fine Arts, Cooper Hewit, Jewish Museum y museo del Barrio)y el único que visitamos fue el MOMA que los viernes por la tarde la entrada es gratuita. Y al finalizar nuestro recorrido cultural y cumpliendo rigurosamente con la predicción del tiempo empezó a caer el diluvio universal. Hanna is coming. Eso decían en las noticias, que se acercaba el temporal que había arrasado Nueva Orleans y Florida y que se esperaban vientos de hasta 70 millas por hora (qué miedito…). Pero bueno, de vuelta al hotel (totalmente calados) pasamos por Little Korea (sí, también hay una Koreíta en Nueva York, es que hay de todo…) y encontramos un sitio genial súper barato con comida para llevar y ahí comenzó nuestro mini encierro hasta el día siguiente que volvió a brillar el sol. El día siguiente fue domingo si mal no recuerdo porque ya he mezclado todo y fuimos a Harlem (el Bronx ya era demasiado para una primera visita a Nueva York) y nos gustó bastante. Había diferencias notables con el resto de la ciudad, todo estaba menos abarrotado, la policía que tanto atesta las calles del centro de Manhattan aquí brillaba por su ausencia, las calles siguen siendo anchas pero los edificios no son tan altos ni las carreteras tan llanas y por supuesto, unos blanquitos como nosotros sí que dábamos el cante… 🙂 Nuestro principal interés era, como el del resto de los turistas que merodeaban por allí, ver una misa gospel y después de un intento fallido en el que nos metimos en una iglesia a escuchar una misa de las de toda la vida, dimos con una iglesia genial donde pudimos disfrutar de una auténtica misa gospel. Dado que la afluencia de turistas debe de ser bastante masiva (de hecho, lo es, porque algunas iglesias tenían unas colas increíbles) han puesto unos bancos para turistas en la parte trasera de las iglesias de manera que no molesten a los feligreses con sus entradas y salidas. La misa muy bonita, la gente arregladísima y muy entregada (una vez más, como en las pelis) cantando y gritando en mitad del sermón. Una pasada, la verdad.

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And last but not least, una mención a los dos grandes observatorios de la ciudad: el Empire State y el Top of the Rock (Rockefeller Center). Al top of the Rock subimos una mañana y las vistas son increíblemente bonitas, se aprecia toda la isla de Manhattan dese las alturas, puedes tener vistas míticas como el Empire State o el Central Park, los puentes a lo lejos… La entrada cuesta cerca de 20$ pero merece la pena. El ascensor que sube 70 pisos tiene música y unas imágenes en el techo y para que os hagáis una idea de la velocidad a la que asciende, la pantalla en lugar de marcar los números de uno en uno va marcando los pisos de diez en diez y se te taponaban un poco los oídos del cambio de presión como cuando montas en avión. Una vez en la alto puedes estar a tres alturas diferentes y ver la ciudad desde las cuatro orientaciones. Como los paneles protectores son de cristal puedes ver la ciudad perfectamente y hacer fotos increíbles.

En cuanto al Empire State he de decir que también fue muy bonito. Nosotros aprovechamos y subimos al final de la tarde para ver el atardecer y la noche neoyorquina desde las alturas. Por desgracia, todo el mundo debió de tener la misma idea y había demasiados turistas. Además una vez en lo alto y después de haber pagado unos 20$ te dicen que si pagas 15$ más puedes subir hasta el piso 104, ¡vaya timo! Pero bueno, a lo mejor hubiera merecido la pena sólo por no tener que pelearte con todo el mundo para poder hacer una foto… En resumen, el Empire es muy mítico pero me quedo con el Top of the Rock…

Y bueno, creo que esto fue más o menos nuestro gran viaje, seguro que me he dejado muchas cositas por contar al igual que nos faltaron algunas por ver allí pero bueno, eso significa que tenemos que volver 😀

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